jueves, 2 de octubre de 2008

Estribos



Las llaves deberían perderse más seguido;

los miedos también.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Sin eufemismos

“¿Esigente? ¿Ella? Si no pide ni agua. Ahora desde que volvió, después del susedido, tengo que guardarle de su parte para que se compre pastillas para dormir. Sin que se entere Bebo, claro. Porque parese que ella se acostumbró en el hospital, pa dormir y aguantar los dolores y eso, pienso yo, a tomar esas pílduras y ahora no hay quién se las quite. Entonse es cuando único molesta, cuando le falta su sedonal y no viene rápido el chiquito de la botica con el mandado. Oiga y que eso es como la mariguana y la cocaína. Un visio. Yo digo que con visios sí que no se puede ni trabajar ni vivir tampoco. Porque, diga, bastante tiene uno ya con estar esclavisada a un hombre para que también tenga que estar gobernada por unos frijolitos de esos.”


Guillermo Cabrera Infante, “Josefina, atiende a los señores” en Así en la paz como en la guerra, 1960

martes, 23 de septiembre de 2008

Domingo / Por la mañana

Yo daba mil vueltas,

jamás comprendí tus ronquidos después de esa mierda
ni mi obsesión por resguardar tu sueño
cuando el mío no llegaba.

Yo daba mil vueltas,

no me hallaba entre tus sábanas,
no me estremecía al abrazarte,
no más del frío que erizaba mi piel.

Creo que tal vez te desperté
me dormí por fin, pensando en qué diría mi nota.

Entraste a la ducha,
no tendí la cama.

Sal a ambos lados y ganas de silencio


lunes, 22 de septiembre de 2008

Grado cero

Por las noches había
trucos de cocina
y la desnudez de nuestros cuerpos
reflejada en la ventana.

Nada ahora que atenúe
el reptar de este dolor absurdo.

Siento el sopor de la embriaguez
en tus ojos perdidos

contengo la rabia y el abrazo

me pierdo ante tu imagen

mi miedo encarnecido

has arrancado el final a mis sueños

vacía

mi alma sin presagios.

jueves, 27 de marzo de 2008

de la tendencia al dramatismo y la ansiedad sistemática

sin jactarse siquiera
de una revelación original.

lunes, 24 de marzo de 2008

Savia

Establecer la frecuencia de la duda puede resultar un artificio manipulable y por ende, siempre generoso. Salvo por las noches en que su exorcismo es casi una misión. No sin renuncia, el paladar se acostumbra al caldo amargo, espeso, nauseabundo. Antes o después (porque la magia carece de rigidez) la razón se anula, el cuerpo es despojado de voz. Sólo una estela de agua oculta la luna, testigo único de esa garganta que expulsa los miedos hasta el ardor. Ahora su risa llega detrás de unos arbustos, sin rostro, intangible; se eleva y funde con las flores de indefinible color. Tendida su alma sobre el frío de las piedras, es cárcel y es abismo de esa lucha interna, equitativa, ignota del azar y sin premura. El sueño (otra vez, y sólo él) decide su llegada, pesado aunque intermitente, crudo y visceral. Y en un despertar confuso, el sol brilla intenso sobre una geografía de imposible descripción. Inconmesurabilidad de espacio y tiempo, los poros dispuestos a toda esa energía. Amanecer irrepetible. Fractura.